Malos humos.
Ella no pretendía ser mágica o única. Sólo especial para sus ojos. Sólo anhelaba poseer ése brillo que le hacía falta para iluminarlo. Sabía que su luz se había apagado y aunque no se negaba a prender de nuevo la llama, le era muy difícil con esos continuos chaparrones.
Y es que así no había quién encendiera un fuego.



